SOBRE MÍ

Todo empezó mucho antes de Alexia’s Kitchen.

Antes hubo una mesa larga, una bisabuela, una abuela y una mamá que me dejaba hacer desastres en la cocina. Hubo restaurantes, sushi, maternidad, viajes, idas y vueltas. Y hubo algo que estuvo siempre: las ganas de cocinar algo rico y ver qué le pasaba al otro cuando lo probaba.

Alexia con chaqueta coral, apoyada en la mesada de su cocina

UNA VIDA ALREDEDOR DE LA MESA

Comer era estar juntos.

Y cocinar, una forma de hacer que ese encuentro sucediera.

01 — DONDE EMPEZÓ TODO

Los primeros recuerdos.

Chauchas escondidas, albóndigas y domingos largos.

La familia de Alexia reunida alrededor de una mesa
Una mesa familiar · donde empezó todo

Debía tener dos o tres años cuando empezaron mis primeros recuerdos alrededor de la comida.

Con Dori, mi abuela, y la Abuelita Negra, mi bisabuela, preparábamos unas “chauchas escondidas”: harina, huevos, soda y chauchas. Era una receta simple, pero todavía recuerdo el olor, el gusto y las sonrisas que se cruzaban mientras cocinaban.

También quedaron las albóndigas de la Abuelita, los fideos con salsa rosa de Dori y las mesas larguísimas de los domingos. Ahí entendí cuánto trabajo había detrás de una mesa llena, pero también todo lo que sucedía alrededor: la conversación, la espera, alguien repitiendo y la alegría de ver que lo preparado había gustado.

Ahí aprendí que una mesa podía hacer feliz a alguien, aunque fuera por un rato.

02 — LAS MUJERES DE MI COCINA

Las dos mujeres que más marcaron mi cocina.

Dori y mi mamá. Distintas entre sí, pero fundamentales para entender cómo cocino y por qué.

Hablar de mi cocina sin hablar de Dori sería imposible. Con ella aprendí recetas, pero sobre todo aprendí algo mucho más grande.

Dori me enseñó a comer.

A mirar un plato, preguntar, probar y prestar atención a una salsa, una textura o una forma de servir. Me enseñó a gozar comiendo, en un gran restaurante o frente a unos fideos con salsa rosa hechos en casa.

De ella me quedaron la curiosidad, el ojo y esa necesidad de entender qué hace que algo esté realmente rico.

Muchas de sus recetas nunca estuvieron escritas. Las aprendí mirando, cocinando a su lado y usando esa parte de la cocina que no se mide: la intuición.

Probar, ajustar y darle una vuelta más. Hasta que está perfecto. Esa forma de cocinar vive en mí todos los días.

Alexia de chica junto a Dori en la playa
Con Dori · mi gran maestra del disfrute
Alexia y su mamá probando comida juntas en la cocina
Con mi mamá · la que siempre me dejó seguir probando

A los cuatro años le dije a mi mamá que quería empezar clases de cocina. Y me llevó.

De ahí en adelante crecí haciendo experimentos, inventando recetas y dejando la cocina completamente dada vuelta.

Mi mamá siempre estuvo ahí: dejándome probar, alentándome, comiendo mis inventos y, bastante seguido, limpiando el quilombo que yo dejaba atrás.

Recién de grande entendí lo enorme que fue eso. Me hizo sentir que aquello que tanto me gustaba era algo que valía la pena cuidar.

Muchos sabores que hoy aparecen naturalmente en mi cocina también vienen de ella: sus recetas y su manera práctica de resolver, alimentar y estar.

Y la historia sigue: hoy continúa siendo la ayudanta número uno de Alexia’s Kitchen. Si necesito una mano, aparece; si hay algo nuevo, prueba.

De otra forma y en otro momento de nuestras vidas, seguimos cocinando juntas. Alexia’s Kitchen tiene muchísimo de ellas dos.

03 — CUANDO SE VOLVIÓ OFICIO

Una barra de sushi cambió todo.

Azul Profundo, Punta del Este y una pasión que terminó de despertarse.

Mise en place real de sushi preparada por Alexia
Del otro lado de la barra · donde la pasión se volvió oficio

Mi tío Sebastián fue uno de los pioneros de la movida gastronómica de Las Cañitas. Abrió Azul Profundo cuando yo tenía alrededor de siete años y hoy está detrás de La Dorita y La Pescadorita.

Para mí ese restaurante era fascinante. Me sentaba en la barra a mirar las manos, los cuchillos, el arroz, los pescados y la precisión con la que aparecía cada pieza.

A los diez años, en Punta del Este, pude ver de cerca la mise en place que Esteban, uno de sus sushimen, preparaba para un evento. Entender todas esas horas invisibles detrás de una pieza de sushi terminó de enamorarme.

A los quince empecé a trabajar los veranos en Azul Profundo. Más tarde armé mi propio delivery de sushi, mientras mi papá me ayudaba con una parte menos romántica pero necesaria: los costos, los números y cobrarle a mis clientes. Sin saberlo, también me enseñaba a construir un negocio.

Después trabajé en la confitería de mi barrio, estudié Administración Gastronómica y a los veintidós estaba al frente de la sucursal de Azul Profundo en Devoto, también como sushiwoman principal.

Más tarde llegaron los eventos y nació Alexia Fine Cuisine, mi primer catering.

No fue una carrera perfectamente planeada. Fue una curiosidad que creció conmigo hasta convertirse en oficio.

04 — OTRA MANERA DE MIRAR LA COMIDA

Con Nilo, la comida se volvió un idioma nuestro.

Comer sano, rico, variado y con ganas de descubrir.

Alexia cocinando junto a Nilo cuando era chico
Con Nilo · mi compañero de aventuras gastronómicas

Cuando nació Nilo apareció otra Alexia en la cocina: la mamá. Yo quería que comiera sano, rico y variado, que se animara a sabores nuevos y que amara comer tanto como yo.

Creo que por momentos me pasé un toque: hoy le preguntás cuál es su comida preferida y te responde “pulpo”.

Desde muy chiquito, cuando algo está realmente rico, canta mientras come. Si aparece la canción, ya sé que el plato funcionó.

Con Nilo la comida se volvió un idioma nuestro. Hay viajes que recordamos por lo que comimos, platos que descubrimos juntos y muchos recuerdos con una mesa en el medio.

Hoy sigue probando prácticamente todo lo que hago. Opina, compara y me dice cuándo algo está espectacular o todavía necesita una vuelta. Cuando creo algo nuevo, quiero saber qué piensa él antes que nadie.

Cuando empezó a comer apareció además un desafío práctico: ofrecerle variedad y comida real sin cocinar veinte preparaciones desde cero todos los días. Ahí nació la idea de los cubitos: pequeñas porciones, sabores separados, combinaciones posibles y un freezer que ayudara a resolver.

La vida tomó otros caminos y la idea quedó guardada. Pero nunca desapareció; muchos años después volvió justo en el momento indicado.

05 — IRME PARA VOLVER

Alejarme también fue parte del camino.

Después la vida me llevó a Estados Unidos. Trabajé en otras cosas y durante un tiempo me alejé de la gastronomía como profesión. Creo que necesitaba hacerlo.

Cuando volví a Argentina no solamente volví a cocinar. Volví a mi casa, a mi familia, a mis raíces y a esa parte de mí que siempre había sabido qué la hacía feliz.

Personas que ya conocían mi cocina empezaron a buscarme otra vez. Regresaron los eventos; una familia quería resolver su semana y otra quería celebrar.

De a poco, lo que había quedado en pausa volvió a ocupar cada vez más espacio.

El universo me estaba marcando el camino bastante clarito.

ALEXIA’S KITCHEN HOY

Y de a poco, todo empezó a encontrar su lugar.

Volver a casa hizo que ideas, personas y partes de mi historia que habían estado separadas empezaran a encontrarse.

Alexia sentada en su cocina con una taza de café y un cuaderno
Alexia’s Kitchen hoy · volver a lo que siempre estuvo ahí

Al volver a Argentina, las cosas que siempre habían sido parte de mi mundo reaparecieron. Personas que conocían mi comida me escribían, regresaron los eventos y una recomendación llevaba a otra. Algunas familias querían resolver la semana; otras necesitaban una mano en un momento nuevo.

En medio de todo eso, mi amiga Agostina me confió algo enorme: ayudarla a cuidar y alimentar a su hijo León. El desafío era concreto: que comiera rico, variado y bien, y que la comida también fuera práctica para ella.

León, hijo de Agostina y uno de los primeros catadores de esta etapa
León · uno de los primeros catadores de esta nueva etapa

Ahí volvió con fuerza la idea que había nacido con Nilo: cubitos, primeros sabores, opciones listas y la posibilidad de combinar. Esta vez yo llegaba con muchos más años de cocina y la oportunidad de convertirla en algo real.

León fue uno de los primeros grandes catadores de esta etapa. Mirar qué textura elegía, qué sabor lo entusiasmaba y qué necesitaba otra vuelta me ayudó a desarrollar recetas. Después se sumaron mis amigas y sus hijos: mis primeros clientes y una fuente enorme de feedback. Muchas recetas crecieron así, cocinando, escuchando y volviendo a probar.

Mientras esa línea tomaba forma, también crecieron Private Chef, Meal Prep, Postpartum y Eventos. Hasta que entendí algo que hoy parece obvio: no eran proyectos separados. Todo era parte de la misma historia. Era Alexia’s Kitchen.

07 — LO QUE VIENE

Y siento que recién estamos empezando.

Una cocina luminosa y llena de ingredientes, visión del futuro de Alexia’s Kitchen
Lo que viene · más manos, más ideas, más mesas

Hoy Alexia’s Kitchen todavía tiene muchísimo de mis manos, pero quiero que crezca: sumar un equipo, desarrollar nuevas ideas y llegar a más familias, mesas y momentos.

Cada amiga que confió en mí, cada familia que volvió, cada recomendación y cada evento que abrió la puerta al siguiente ayudaron a que este proyecto llegara hasta acá.

No sé exactamente cómo va a continuar la historia, y eso me entusiasma muchísimo.

Cuando miro todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta este momento, lo que más siento es gratitud.

Dar de comer siempre fue una de mis formas de querer.

Hoy tengo la enorme suerte de que también sea mi trabajo. Y siento que recién estamos empezando.

UNA PROPUESTA A TU MEDIDA

Ahora contame quién se sienta a tu mesa.

Qué momento están viviendo, qué necesitás resolver y qué te gustaría hacer un poco más rico —o simplemente un poco más fácil.

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